En la entrada de la Cinta Costera, donde atracan los botes pesqueros, está la institución democrática más deliciosa de la ciudad: el Mercado de Mariscos. Abajo, los vendedores gritan la pesca del día — camarones gigantes, langosta, atún fresco, pulpo, calamar, corvina y lo que el Pacífico haya entregado de madrugada. Arriba y alrededor, restaurantes sin lujos cocinan lo que acabas de ver en hielo.
El ritual
- Empieza con ceviche en los puestos de afuera: servido en vaso, pocos dólares, en una docena de variaciones — el de camarón y el mixto son los clásicos;
- Compra crudo si cocinas: precios por libra que hacen reír a los expats comparando con su país;
- Almuerzo arriba: pescado frito entero, camarones al ajillo, arroz con mariscos — platos abundantes a precio justo;
- Ve temprano por la mejor selección; el pescado llega de madrugada.
La parte honesta
Es un mercado de verdad: piso mojado, olor a pescado, cero glamour — ese es el certificado de autenticidad. Cuida el teléfono en horas llenas, acuerda precios antes de llenar la bolsa, y saldrás planeando la próxima visita. Dato local: es la mejor parada antes o después del Casco Viejo, a cinco minutos.
Foto de portada: ProtoplasmaKid, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0), recortada.
